lunes, 3 de diciembre de 2007

Hambre

Hay un ansia más voraz que el hambre. Nace cerca, justo en la boca del estómago, y afecta a menudo a la respiración, o la falta de ella. Es la enfermedad inherente al ser humano. El intenso vacío. Existe para desestabilizar, y motorizar la voluntad del hombre. Es el origen más cruel de los sentidos. Devora destruyendo libertades. Hay otros mecanismos que se encargan de endulzar nuestras acciones, esas mentiras que nos hacen elevarnos en sagrada autonomía como ser único y exclusivo en el mundo. Tan especial que puede permitirse cualquier delirio. A posteriori inventaremos los remedios. ¿Amamos a los demás o somos nosotros también productos de consumo? Cuando todas las razones se arremolinan formando un torbellino de confusión y vértigo, cuando los ojos se nos abren todo lo que dan de sí y el pálpito se detiene llega esa temida ansiedad que ofusca todas las conclusiones y te sume en ese intenso vacío. ¿Cuál es el próximo medio de saciar mi hambre? Esa es la pregunta inevitable y persistente. Otro deseo frustrado, otro cumplido, siempre igual resultado.

5 comentarios:

La Oruga dijo...

El verdadero hambre es otro, otro del que nosotros estamos bien saciados. Sólo con el estómago lleno podemos sentir el otro hambre... o su ilusión.

Tenga cuidado, cuando se cure de ese hambre, se abrirá otra puerta, otro hueco vacío que clamará ser llenado... es la estrategia que idea la vida para obligarnos a seguir luchando ;)

Solatz dijo...

Tal vez volviendo a los orígenes de la necesidad, volviendo a lo que nos puso en contacto con el mundo, de verdad, sea posible librarse uno de ansiedades innecesarias. De cara al peligro real, tal vez se disipen los que imaginamos por aburrimiento.

La Oruga dijo...

Ummm... no sea tan severo consigo mismo. No piense en aburrimiento. Es un mal que nos domina a todos, es la esencia del ser humano, la contínua lucha, las ganas de más, más, más. Siempre más: citius altius fortius ;)

Solatz dijo...

Ojalá pensara el ser humano en siempre mejor en lugar de siempre más. Acabo de leer, parece mentira, los viajes de Gulliver y viene bien al caso. Vivamos como virtuosos caballos u hombres-pájaro con los que sueña el peregrino.

La Oruga dijo...

Vivamos, pues :)
Nada hemos de temer, sé bien que hay muchos que piensan en siempre mejor, aunque a ratos se les escape un más. Es cuestión de voluntades titánicas... y de honor.